Portugal, la Capilla que emerge del mar



En nuestro viaje al país luso, luego de haber recorrido Oporto y sus alrededores, nos dirigimos hacia el sur de dicho bello país. La hoja de ruta, que habíamos previamente delineado, tenía varias paradas, entre ellas, una visita especial a la famosa playa de Miramar. Esta es una zona muy reconocida entre los amantes del windsurf, kitesurf o surf por el viento que suele haber y las olas que allí se forman.





Ver el océano Atlántico en otra latitud y con el nombre homónimo al de una de las playas de la Provincia de Buenos Aires, nos hacía recordar a nuestra querida Argentina.

Un mar agitado se alzaba ante nosotros y allí en medio como emergiendo del mismísimo océano, una pequeña capilla.

Originalmente, las impresionantes playas cubiertas de mármol y granito de Miramar fueron el sitio de un antiguo culto pagano atribuido a los celtas. Específicamente, la roca gigante que se adentra en el mar fue donde una vez se realizaron los rituales y donde se encuentra la Capela do Senhor da Pedra (Capilla del Señor de la Piedra) hasta el día de hoy.

Como parte de la campaña masiva para cristianizar Europa durante el siglo XVII, la estructura hexagonal se construyó para “reclamar” la tierra de los paganos naturalistas “herejes” que buscaban la iluminación en el mismo sitio.


En Gulpilhares, Vila Nova de Gaia, a 15 km de la ciudad de Oporto se encuentra esta pequeña capilla construida sobre una roca de espalda al mar, tan pequeña y monumental; tan irreal pero verdadera; frágil pero fuerte al mismo tiempo que sorprende a todos con su historia y leyendas desde hace más de tres siglos.


Pudimos acceder casi por casualidad, la marea estaba subiendo y pronto el paso hacia la capilla se vería impedido. Tras ganarle a las primeras olas que llegaban al inicio de la amplia escalera al frente, subimos hasta la terraza que la rodea y donde el mar golpea más fuerte en las rocas que la protegen.




La capilla barroca con interior rococó, se eleva unos seis metros sobre el nivel del mar.

Las puertas del santuario están enmarcadas por dos mosaicos de azulejo que se jactan de la importancia arquitectónica del sitio, además de señalar que los paganos habían adorado allí antes de que la capilla se convirtiera en "ciertamente el lugar de culto más antiguo de la región". En el interior, se erigieron tres altares con ornamentos decorados con pan de oro, que representan a Cristo colgando de la cruz.



Quizás lo más enigmático es que, a partir del Domingo de la Trinidad, se lleva a cabo en Miramar un festival anual de tres días que conmemora el pasado pagano del sitio. Las festividades culminan el martes siguiente con una procesión encabezada por mujeres completamente encapuchadas desde el centro de la ciudad hasta la capilla.

Esta fiesta genera una gran afluencia de gente al lugar con eventos tradicionales y específicos para la celebración popular, con bailes y comida típica.


Muchas son las leyendas sobre esta bella capilla, algunos dicen que fue construida por alguien que sobrevivió a un naufragio en alta mar y fue salvado por una ola que lo llevó a la roca. Otros creen que la imagen de Cristo fue a parar allí, traída por el mismo mar y “que un buen día recaló en aquella roca donde, después, se construyó la ermita”. Otros juran haber visto aparecer una luz misteriosa sobre las rocas junto al mar, noche tras noche, mientras los habitantes de Gulpilhares se disponían a construir una ermita al Senhor da Pedra, en el terreno conocido como arraial. Los habitantes creyeron que era una señal del Cielo. Por este motivo, desistieron de construir la ermita en el pueblo y decidieron construir la ermita en el lugar donde antes aparecía la luz.



Finalmente, si estás por la zona y te gustaría visitar este enigmático lugar, te contamos cómo llegar. Durante el viaje, verás a través de la ventana, escenarios de la verdadera vida y naturaleza portuguesa.

Desde Oporto puedes arribar en automóvil o tomar un tren desde la estación São Bento y bajarte en la estación Francelos y recorriendo las calles habitadas, por unos dos kilómetros llegas a la infinita extensión de arena en un romántico encuentro con el Océano Atlántico.

En este rincón pacífico, esta pequeña iglesia tiene la tierra y el océano en tándem. Lleva años allí, con el viento que la domina y el oleaje que pocas veces hace daño.

Vive la experiencia de detenerte, en silencio, a observar la grandeza de este espacio. Tómate un momento y percibe el paso del viento, el movimiento de las olas con él y la calma de un manto de arena color amarillo ocre. ¡La sensación meditativa está asegurada!

Esperamos que incluyas este destino en tu próximo viaje y sigas nuestro viaje a través de @travel_vaya