El mantel de la Abuela

Cuando comenzó nuestro proceso de desapego de todo lo material, en muchos casos nos enfrentamos a verdaderas situaciones emocionalmente movilizadoras.

No quiero ni imaginar lo que significa para las personas que son víctimas de incendios, inundaciones o robos.

Nosotros teníamos la posibilidad de decidir sobre qué cosas vendíamos, cuáles se regalaban y cuáles viajaban con nosotros.

Así fue que comenzamos a separar las cosas, con ese criterio de clasificación. Los primeros meses parecía que el tiempo nos sobraría, sin embargo estuvimos corriendo contra reloj casi hasta el último minuto.

Nos tomamos el tiempo para elegir aquellos objetos que íbamos a regalar, aquellos que tenían destinatarios especiales. Durante el proceso de despedidas fuimos entregando a cada uno algo nuestro. Incluso para aquellos que nos querían pero que no pudimos ver antes de partir, les dejamos encomiendas preparadas paro que también nos tuvieran más cerca.



Pero, algunos objetos vinieron en nuestras valijas viajeras, es el caso del mantel de la abuela "Curu".

Antes de fallecer, estuvo un tiempo en el geriátrico. Para ese entonces nosotros habíamos viajado a España. Caminando por las calles de Barcelona, pensamos en un regalo que ella pudiera usar y se presentó ante nosotros un individual con servilleta en color rojo, el preferido de la abuela (y uno de los míos también). Allí lo compramos y se lo llevamos. Ella estaba contenta con su mantel nuevo.

Ese individual con su nombre, la acompañó durante sus comidas y hoy las nuestras.

Como un elemento de apego emocional o no, el mantel forma parte de nuestros pic nic.

En la vida nómade hay mucho pic nic asi que, sin perder la forma, allí donde vamos la abuela viene con nosotros.


"Y cuando te hayas consolado (uno siempre termina por consolarse) te alegrarás de haberme conocido". (Antoine de Saint Exupéry, El Principito)