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LA LÍNEA RECTA PERDIDA

“La línea recta conduce a la caída de la humanidad”

«La utilización ciega, cobarde y estúpida de la línea geométrica recta, ha convertido nuestras ciudades en baldíos desolados desde el punto de vista estético, espiritual y ecológico…»

Friedensreich Hundertwasser, (Doctor arquitectura)





Seguimos recorriendo el mundo y descubriendo los universos ajenos que conciben la arquitectura como arte, como obras escultóricas, como manifestaciones y proclamaciones de ideología.

Llegamos a Viena, capital de Austria, y el crisol arquitectónico nos estaba esperando. Conviven armoniosamente las obras de la época de los Habsburgos y el toque moderno que busca captar la mirada del transeúnte.

Caminando por los diferentes barrios de la Ciudad Danubio, por momentos sentimos que algunos edificios se habían escapado de un cuento de hadas o que la vegetación escapaba por las ventanas, que el color estridente, poco habitual en el resto de las fachadas vienesas intentaba mantener un diálogo con muestra siempre ávida mirada. Así, casi sin buscarlo, descubrimos la obra de


, nombre original era Friedrich Stowasser. Hunderwasser, nació en 1928, Viena, hijo de madre judía y padre protestante. Con la llegada de nazismo, su madre decidió bautizarlo e inscribirlo en la juventud hitleriana. Tal vez fuera ello lo que a ambos los salvó de la muerte, como al resto de su familia. Obligado a utilizar el brazalete amarillo, vivió escondido en un sótano hasta 1944. El horror de la guerra no pudo con la imaginación artística del niño que dibujaba y pintaba paisajes de cuentos de hadas con colores llamativos, bosques magníficos y mundos celestiales. Hizo un breve paso por la Facultad de Bellas Artes de Viena, que no duró más de tres meses para luego iniciar su propia producción desde la pintura a la arquitectura.

Si bien la asociación de la obra de Hundertwasser con la de Antonio Gaudí es casi instantánea, especialmente en las formas biomórficas, pero no fue iluminado solo por el arquitecto catalán; los trabajos de Egon Schiele y Gustav Klimt fueron también su fuente de inspiración.



El rechazo de la línea recta por parte del austríaco lo podemos observar en toda su producción artística, como así también el uso del color brillante y el diálogo del ser humano con la naturaleza. Un revolucionario y adelantado a su época hablando de ecología cuando casi nadie lo hacía.

Además, tenía una visión del mundo que se centraba en el espiral. Según el artista, esta sería el modo en que los seres humanos nos vinculamos con nuestra realidad exterior. Hunderwasser consideraba que en el centro de cada individuo se encuentra el “ser” que a lo largo de la vida se rodea de capas con significación que determinarán la relación con el universo, así elabora su teoría de las cinco pieles o capas a partir de su propia desnudez. Estas capas son: la piel, la ropa, la casa, el entorno social (familia, vecindario, ciudad, país), el entorno mundial que incluye la ecología y el resto de la humanidad.

La libertad creativa en la arquitectura y la armonía con la naturaleza, fueron su lema. Hundertwasser construyó más de 30 obras, incluyendo viviendas, museos, iglesias, jardines infantiles y restaurantes, rompiendo la línea recta para entregarle a sus habitantes “un espacio para amar”.




Durante la década del ‘80 diseñó algunas de sus obras más emblemáticas, donde actualmente, pese a haber sido ridiculizado en su momento, vieneses y turistas disfrutamos de su arte; la vivienda pública más grotesca, La Casa Hundertwasser, la Kunst Haus Wien y la Planta de incineración de residuos Spittelau.






HUNDERTWASSERHAUS, creada entre 1983 y 1986, posee una innovadora cubierta verde para la época y grandes árboles que crecen allí como en balcones, ventanas, espacio interior, decía que “lo que le quitamos a la naturaleza para construir un edificio, tenemos que devolvérselo”. La vereda de acceso al complejo tiene un solado ondulante que en términos del artista “es una melodía para los pies”. Además, declaró que “el diseño de cualquier edificio debería estar influenciado por la estética de cada uno de sus habitantes”.



La planta incineradora SPITTELAU, construida en 1988, proporciona calefacción urbana a los hogares vieneses, reduciendo al mínimo la emisión de humo tóxico, que es 100 veces menor en óxidos de nitrógeno que la producción de un solo automóvil; solo luego que el artista analizó los datos técnicos se convenció de aceptar la encomienda para "vestir" la incineradora. El paisaje urbano vienés se ve intervenido con la obra emblemática y llamativa desde corta y larga distancia, demostrando que un edificio industrial puede integrarse armoniosamente y alegrar su entorno.






El primer museo verde de Austria, KUNST HAUS WIEN, creado en 1991, cumplió el sueño de Hundertwasser, un oasis en la ciudad; nació de la reutilización de un edificio existente, una fábrica de muebles Thonet abandonada. Allí los principios del autor encuentran lugar para desarrollarse, expandirse y sin dudas legarnos sus ideales.







“Espero volver a humus enterrado desnudo y sin ataúd bajo una haya plantada por mí en mi tierra en Ao Tea Roa” dejó escrito y así fue cumplido cuando en el año 2000 murió a bordo del barco que lo llevaba de regreso a Europa luego de pasar una temporada en Nueva Zelanda. Allí bajo un árbol descansa este revolucionario artista que vivió según los principios de la sostenibilidad, reciclando, plantando alrededor de 100.000 árboles durante sus viajes, utilizando agua y energía solar, haciendo sus colores de pinturas con recetas propias, etc.



Para finalizar este breve recorrido por la obra del artista en Viena, compartimos un estrato de su obra “Su derecho a la ventana: su deber del árbol”: “...El que vive en una casa debe tener derecho a asomarse a su ventana y a diseñar como le guste todo el trozo de muro exterior que pueda alcanzar con el brazo, así será evidente para todo el mundo desde la lejanía que allí vive una persona.

Nos asfixiamos en las ciudades a causa de la contaminación atmosférica y la falta de oxígeno. La vegetación que nos permite vivir y respirar está siendo destruida sistemáticamente. Nuestra existencia está perdiendo dignidad. Pasamos por delante de fachadas grises y estériles, sin darnos cuenta de que estamos condenados a vivir en celdas de cárcel.

Si queremos sobrevivir, todos tenemos que actuar. Cada uno de nosotros debe diseñar su propio ambiente. No puedes quedarte esperando a que las autoridades te concedan el permiso. Los muros exteriores te pertenecen tanto como tu ropa y el interior de tu casa. Cualquier diseño personal es mejor que la estéril muerte.

Tienes derecho a diseñar a tu gusto tus ventanas y los muros exteriores hasta lo que alcance tu brazo. Hay que ignorar los reglamentos que prohíben o restringen este derecho. Es tu deber ayudar a la vegetación a conseguir sus derechos con todos los medios a tu alcance.

La naturaleza debe crecer libremente donde cae la lluvia y la nieve, lo que está blanco en invierno, debe ser verde en verano. Todo lo que se extiende en horizontal bajo el cielo, pertenece a la naturaleza, en las carreteras y los tejados deben plantarse árboles. Hay que conseguir que se pueda respirar de nuevo el aire del bosque en la ciudad. La relación entre el hombre y el árbol tiene que adquirir proporciones religiosas. Así, la gente entenderá por fin la frase- la línea recta es atea…”. - Friedensreich Hundertwasser, Your Window Right – Your Tree Duty.


Sin líneas rectas ni recorridos predeterminados, simplemente dejándonos llevar y viviendo el aquí y ahora. Nuestro viaje continúa, nuevos destinos se suman a nuestra lista para conocer y compartir, pero sin dudas este es uno de los recuerdos que guardamos en nuestra bitácora para volver a ver, revisar y continuar aprendiendo.

¡Síguenos en nuestro viaje por el mundo en Instagram @travel_vaya, hasta la próxima!


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